La energía que trajo “KAT” fue impresionante. Hizo de todo un poco para mantener a flote a Nueva York cuando más lo necesitaban. Lo más destacable fue que no le tuvo miedo a Victor Wembanyama. Sí, recibió un espectacular tapón, pero a diferencia de otros jugadores que comienzan a dudar después de una jugada así, Towns siguió atacando, siguió buscando la pintura y mantuvo su agresividad durante todo el partido.
Eso marca una gran diferencia en unas Finales. Muchos jugadores cambian su manera de jugar cuando tienen enfrente al mejor defensor de la liga, pero Towns entendió que si los Knicks querían ganar, alguien tenía que desafiar constantemente a Wemby.
Incluso me recordó un poco a lo que ocurrió con Chet Holmgren en la serie anterior. Por momentos, la presencia defensiva de Wembanyama parecía hacerlo pensar demasiado antes de atacar. KAT, en cambio, respondió con carácter: si fallaba una, volvía a intentarlo; si recibía un tapón, regresaba a la siguiente posesión.
Las estrellas ganan titulares, pero este tipo de mentalidad es la que muchas veces inclina una serie. Brunson puso la magia, pero Towns aportó la energía, la agresividad y la valentía necesaria para que los Knicks robaran el primer golpe de estas Finales.

Si KAT mantiene esta actitud y este nivel de intensidad, los Knicks tendrán una oportunidad real de pelear este campeonato hasta el final.





