Pekín.- Un tribunal chino condenó este viernes a 15 años de prisión a Yu Wenming, exdirector de la Administración Nacional de Medicina Tradicional China, por aceptar sobornos por valor de más de 63,44 millones de yuanes (unos 8,9 millones de dólares).
El Tribunal Popular Intermedio Número 1 de Tianjin (norte) impuso además a Yu una multa de 6 millones de yuanes (unos 840.000 dólares) y ordenó confiscar y entregar al Estado los bienes obtenidos mediante los sobornos y los beneficios derivados de ellos, informó la cadena estatal CCTV.
Según la sentencia, entre 2009 y febrero de 2021 Yu aprovechó su cargo como subdirector de la Administración Nacional de Medicina Tradicional China, así como la influencia derivada de su posición, para favorecer a terceros a cambio de recibir bienes de forma ilegal.
Entre los asuntos en los que prestó ayuda figuraban la aprobación del registro de medicamentos y la prórroga de certificados de registro de productos.
El tribunal consideró que la cantidad recibida en sobornos era «especialmente elevada», aunque tuvo en cuenta varias circunstancias atenuantes para imponerle una pena menor.
Entre ellas, señaló que Yu confesó los delitos tras ser detenido, reveló hechos relacionados con sobornos que las autoridades todavía desconocían, admitió su culpabilidad, mostró arrepentimiento y devolvió activamente las ganancias ilícitas. La corte agregó que todos los bienes obtenidos mediante los sobornos habían sido recuperados.
Yu, que dirigió la Administración Nacional de Medicina Tradicional China entre 2018 y 2023, estaba siendo investigado desde mediados de 2025 por sospechas de corrupción.
La investigación corrió a cargo de la Comisión Nacional de Supervisión, el principal órgano anticorrupción del Estado, antes de que el expediente fuera transferido a la Fiscalía, que presentó cargos contra él el pasado abril.
La condena se enmarca en la amplia campaña anticorrupción impulsada por Xi Jinping desde su llegada al poder en 2012, que ha alcanzado a funcionarios de todos los niveles, incluidos dirigentes provinciales, altos mandos militares y responsables de grandes conglomerados estatales.
Pekín presenta esta ofensiva como un instrumento para reforzar la disciplina interna y combatir lo que Xi calificó el año pasado como «la mayor amenaza» para el PCCh, aunque algunos observadores consideran que también podría servir para apartar a determinadas figuras de la vida política.