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Solo los dos ojos de Luis son los culpables?

En una sociedad donde la mentira y la simulación crecen de forma silvestre, particularmente en la política y en la función pública, cuando alguien dice la verdad, lo más normal es que se le ponga en serio cuestionamiento. Y es que nos hemos acostumbrado —de manera colectiva— a mentir tantas veces, que, como en El Principito, cuando decimos la verdad nadie nos cree. La política es, por mucho, el terreno más fértil para que florezcan el engaño, la trampa, la triquiñuela, el trinquete, la simulación, salirse por la tangente, buscar el bajadero, las medias verdades y las mentiras enteras. Es difícil cuando alguien quiere ser sincero, que esa sinceridad sea aceptada sin que una mayoría del colectivo interlocutor piense que en el fondo existe gato encerrado o la intención de meter un gato por li...