Hacia el 250 aniversario de su fundación

4 de julio 2025
A propósito de este 4 de julio, afirmo que, ningún pueblo se funda por decreto, siempre será necesario un proceso social, cultural e histórico, con apego a un territorio. En el caso nuestro, de Dajabón, ese proceso transcurrió en cincuenta y siete (57) años, de 1719 a 1776.
En lo que tiene que ver con el origen del nombre de Dajabón se ha tejido una fábula a la que se le ha atribuido valor de verdad, creando confusión sobre el particular; el mismo viene dado por el nombre del río que lo baña. Y no tiene nada que ver con un pez llamado Dajao, que abundaba en sus aguas, ni con la expresión francesa bonne (bueno).
Se ha difundido mucho la fecha del 4 de julio de 1776 como la de fundación de Dajabón, hasta hoy se ha visto como la oficial; sin embargo, hay otras fechas planteadas, la de 1754 y la de 1771.
La construcción de Dajabón, como villa, tuvo sus inicios a partir de 1719, cuando los asentamientos de pobladores se van haciendo definitivos; núcleos de personas que encuentran su medio de vida allí, que el puesto militar se hace imprescindible, una línea fronteriza que hay que defender, una diferenciación cultural con el poblador francés de aquel lado del río que da nombre al poblado que se va levantando, hasta llegar a mayo de 1740 cuando se dispone establecer una parroquia en el sitio de Sabana Larga.
Proceso de construcción física que no se ha detenido hasta nuestros días, pero también va surgiendo una identidad de los pobladores de la parte Este, en lo que entran en juego factores determinantes: lengua, religión, costumbres, gastronomía, manera de hacer las cosas, defensa de un territorio que da sentido de pertenencia, reconocimiento de una autoridad, se desarrolla el sentido de comunidad, se agrupan para defender lo que sienten que les pertenece, es decir, se conciben como un colectivo y van asumiendo un nombre.
El territorio de Dajabón es escenario clave en el proceso de constitución del pueblo dominicano, allá en el lejano siglo XVI van ocurriendo hechos y conflictos en la frontera norte que empiezan a definir el sentido de pertenencia territorial, de afinidades culturales, bases identitarias, comunicación a partir de un idioma, sistema de creencias frente al otro (al francés), a defender espacios y formas de ser; surgen sentimientos de solidaridad, sentido de arraigo, en fin, una población que se asienta como colectivo y parte de un mismo destino, así inicia un proceso de construcción de pueblo, de identidad. De ahí que sea importante estudiar las particularidades de la historia nacional y el propio surgimiento del pueblo, desarrollo incluido, como una manera de fortalecer la identidad nacional desde ese rincón de la dominicanidad.
En el territorio que hoy ocupa la provincia de Dajabón tuvieron lugar los enfrentamientos, a partir de los años 1580 en adelante que sirvieron de marco para ir sentando las bases de la identidad del dominicano, pues empezó la lucha por la demarcación del territorio, de establecer una frontera, con el sentido de pertenencia, definir el idioma y la manera de ser, de pensar, de hablar, la religión, es decir empezó a surgir, de lo criollo, el pueblo dominicano; un proceso lento, pero sostenido en el tiempo, definitorio.
Un proceso histórico que se fue definiendo en cientos de años, del cual surge el elemento criollo, allá y aquí, se configuran dos pueblos distintos y así como a finales del siglo XVI forcejeaba el elemento francés para ocupar territorio del lado español, ha continuado en el tiempo, haciendo lo mismo, el pueblo que surgió de aquel lado. La historia tiene un solo hilo, es una continuidad en el tiempo.
Y Dajabón una columna de piedra en resistencia. En este territorio se libraron luego batallas decisivas para asentar la nacionalidad en el siglo XIX, como fueron las batallas de Sabana Larga, Jacuba, Talanquera y la de Beller (la más encarnizada de todas frente a las incursiones de los haitianos); luego se produce el Grito de Capotillo, para el inicio de la Guerra de la Restauración, frente a España.
Se han tejido versiones distintas sobre el origen y/o la fundación del pueblo de Dajabón, lo mismo en lo concerniente a su nombre; mismas que se vienen contando con aire de verdad cada una y de manera indistinta, por tanto, los munícipes no cuentan con una historia acabada que puedan presentar.
Una cosa es clara, un pueblo no se funda por decreto ni en un único día, sino que es el resultado de un proceso; en el caso que nos ocupa, hay constancia documentada, llevó más de cincuenta (50) años; sin embargo, es posible rastrear fechas de ese proceso que inicia en 1690, tiene un impulso importante en 1719-1721, más adelante en 1727-1728; y para enero de 1740 puede fijarse como fecha de reconocimiento y formal asentamiento del pueblo con la solicitud de construcción de la primera parroquia, pues solo la existencia de almas (de un colectivo humano importante, fijo, cohabitando un espacio físico, con intereses espirituales y/o religiosos coincidentes, mueve al levantamiento de una iglesia -templo, ermita, parroquia- para la congregación cumpliendo los ritos de la época, y que siguen vigentes. Sin embargo, hay otras fechas que ofrecen puntos importantes en la fundación del pueblo de Dajabón, como 1754 y 1761; determinados autores y documentos de la época nos permiten visualizar las mismas como posibles fechas fundacionales. Y en ese recorrido hay otros hechos que se suman en el proceso de definición en la fundación del pueblo de Dajabón, hasta llegar al 4 de julio de 1776.
En las páginas 58, 59, 60y 61 de nuestro libro “Apuntes Históricos sobre Dajabón” se detalla con amplitud lo de 1754, a cargo de Gaspar de Leoz y Echalas, en la página 58 se lee, que, “en un informe de 1783 el cura Juan Quiñones sostiene que el nuevo emplazamiento militar fronterizo tuvo lugar desde el año de 1754 por el mes de noviembre que comenzó a fundarse Dajabón. Estos criollos comenzaron, y no ha cesado, de quererse separar en todo del pueblo de los isleños”.
En virtud de estas premisas en el libro aportamos los hechos y fechas claves del proceso para que el estudioso y curioso sobre este particular tenga su conocimiento e interpretación particular, (con la bibliografía consultada). Es una historia accidentada y compleja, no hay un momento único que se pueda señalar como el de la fundación, pero sí un período en el que el mismo se fue perfilando, definiendo, construyendo, lo que sí hay es un punto clave como señal definitoria.
Sin embargo, es preciso anotar que esa primera versión de la fundación del pueblo, que la refiere al 4 de julio de 1776, se fundamenta en los aportes e interpretación de Emiliano Tejeda y Emilio Rodríguez Demorizi, pero nuevos estudios publicados a partir de investigaciones en el Archivo General de Indias, en España, han aportado una documentación de la época que ayudan a reconstruir la historia. Por ejemplo, se han publicado:
• “Rebelión de los Capitanes”, de Roberto Cassá, en el 2011 su primera edición y una segunda impresión en el 2014.
• “La Otra Historia Dominicana”, de Frank Moya Pons, con una primera edición en el 2008 y una segunda en el 2009.
• “La Colonización de la Frontera Dominicana 1680-1795”, de Manuel Vicente Hernández González, primera edición en el año 2006.
• “Manual de Historia Dominicana”, de Frank Moya Pons, su edición 14, en el año 2008.
• “Historia Dominicana”, de Orlando Inoa, primera ediciónoctubre 2013.
El nombre de Dajabón. En torno al nombre de Dajabón no tiene lugar a discusión la procedencia del mismo, siempre que haya un mínimo de búsqueda o investigación en las páginas de nuestra historia, en los documentos de la época colonial, o bien sea que nuestros docentes se tomen el cuidado simple de anotar aspectos de nuestro origen que abundan en decenas de textos de historia dominicana y colonial disponibles, incluso sin costo. Es tiempo de que los dominicanos dejen de lado la fábula en cuanto al nombre de Dajabón, de manera particular los nativos de esta comarca, mis compueblanos.
Se impone hurgar en la historia para desmitificar y sustentar en documentos y testimonios veraces la cuestión que nos ocupa; siendo así, me detengo en el análisis del asunto. La primera referencia del nombre de Dajabón la encontramos en Pedro Mártir de Anglería, que, en 1516, publica el primer mapa de la Isla y en el mismo aparece “el puerto real Dahabon”, a apenas veinticuatro (24) años de la llegada de Cristóbal Colón a la Isla. Aunque hubo una primera edición en 1511, sin la autorización del autor, así que la primera referencia (real, pública) al nombre de Dajabón data de este año. La segunda referencia que encontramos al nombre de Dajabón la hace don Américo Lugo, en su libro “Historia de Santo Domingo”, dice: “Don Sebastián de Montoya, despoblado de los campos de Montecristi, entre los vecinos de Bayaguana con el n. 36. Apresado en el puerto llamado de Dajabón por la gente de un navío francés, pidieron por su rescate 1500 ducados buenos; recibió más de una paliza para abreviar su rescate. Llegó en esto un navío inglés al mismo puerto, e invitó a su mesa al capitán francés, con encargo de que también viniese con él don Sebastián. Durante la comida los dos capitanes se tomaron de duras palabras sobre lo mal hecho a don Sebastián y se quedó el inglés con el prisionero hasta que el francés rebajase el precio, y quedó su libertad por 800 ducados. El inglés obraba en el caso en atención a sus antiguas amistades con los de tierra. Ocurrió este caso en 1605; A. G. I., Escribanía de Cámara 11C. Uno de los dos brazos del río Dajabón tenía en el siglo XVIII nombre de Caño de Don Sebastián. (Fr. Cipriano).”
Con lo que llevo dicho, mi opinión concluyente es que se reconozca la fecha del día cuatro (4) de julio de 1776 como la oficial de fundación de la ciudad de Dajabón, en virtud de que la misma es el producto de un proceso histórico de cincuenta y siete (57) años; que, habiendo cinco fechas propuestas o planteadas (1740, 1754, 1761, 1771 y 1776) debe escogerse una, la de 1776, por parte del Gobierno de la Ciudad o Ayuntamiento, de modo que se pueda celebrar el 250 aniversario de su fundación en el año dos mil veintiséis (2026).
A los cuatro (4) días del mes de julio del año dos mil veinticinco (2025).





