La instalación de Sarah Fisher como obispa de la Diócesis Episcopal de Carolina del Este ha generado atención a nivel nacional, luego de que se informara que se convirtió en la primera obispa abiertamente lesbiana que mantiene una relación con una persona del mismo sexo en dirigir una diócesis episcopal en el sur de Estados Unidos.
Fisher, quien está unida en una relación con la reverenda Mandy Brady, fue oficialmente instalada en el cargo el pasado sábado.
Durante el proceso de selección, Fisher destacó la importancia de la unidad dentro de la iglesia. Señaló que su congregación no era unánime en temas políticos ni siquiera en asuntos tan simples como la marca de café que se sirve, pero sí estaba unida en su deseo de “ver, conocer y servir a Cristo resucitado”.
Asimismo, afirmó que “acercarse a quienes piensan diferente es vital”, al considerar que los cristianos deben reconocer “la luz de Cristo” presente en otras personas, aun cuando existan desacuerdos.
Su elección refleja la dirección teológica que ha seguido la Iglesia Episcopal en las últimas décadas, una institución que ha enfrentado profundas divisiones internas relacionadas con la sexualidad y la doctrina religiosa.
La controversia se remonta a 2003, cuando Gene Robinson se convirtió en el primer obispo abiertamente homosexual de la denominación, un hecho que provocó la salida de numerosos sectores conservadores.
Como consecuencia, muchas congregaciones conservadoras abandonaron la iglesia y se produjeron años de disputas legales por propiedades y activos eclesiásticos. Durante ese mismo período, la membresía de la Iglesia Episcopal experimentó una disminución significativa, pasando de aproximadamente 2.1 millones de miembros en 2006 a cerca de 1.54 millones en 2023.





